Algo está pasando

Ayer, por tercer día consecutivo, jóvenes y no tan jóvenes se concentraron en el kilómetro 0 de la capital para mostrar su disconformidad, para unos laboral, para otros económica, para muchos vital en general pero para todos política.

La Puerta del Sol sitiada por la policía; jóvenes subidos en las paradas del metro, marquesinas de autobús y andamios; el Congreso rodeado de antidisturbios. Síntomas de que algo grande, periodística, sociológica y políticamente hablando, está naciendo en nuestras calles.

Personalmente siento orgullo y alegría de este despertar del letargo político juvenil. Durante años he escuchado como gente de mi edad y más pequeña enterraban la política y repetían una y otra vez que no iban a votar porque, para unos no servía de nada y para otros era algo que no entraba en sus planes. Durante años he gastado toda mi saliva en intentar convencerles de que la política era una prioridad, porque nos guste o no, al final en esta vida todo es eso, política. Me da igual a quién voten -obviamente tengo mis preferencias- pero que lo hagan. Porque ha costado mucho esfuerzo -y eso lo saben nuestros abuelos y padres- el tener este derecho y aunque a día de hoy nuestro panorama político sea un circo lleno de payasos, marionetas y trapecistas que se mueven entre las arpías en un intento de hacer política; nosotros somos espectadores que pagamos rigurosamente nuestras entradas, por lo que tenemos derecho a aplaudir, abuchear o a exigir la carta de reclamación correspondiente. Y eso sólo lo podemos hacer votando.

Estoy entusiasmada con este movimiento que ha surgido -de manera espontánea o no- porque me recuerda a los jóvenes de hace 30 años. Y he tenido que esperar toda una vida -literalmente- para vivirlo, sentirlo y verlo con mis propios ojos.

Con esto no quiero decir que apoye todo lo que está pasando y todas las posturas. La idea es buena, utópica incluso, pero como en todas estas cosas siempre están los que van a reventar los actos y las manifestaciones enarbolando la bandera del radicalismo y el vandalismo. También los que están metidos en todos los saraos -véase el actor Willy Toledo- y que al final no sabes muy bien qué causa/fin tiene en la cabeza y en el fondo ensucia la idea base.

Por eso me jode la gente que ahora dice que los jóvenes que hemos salido a la calle somos títeres de vete tú a saber quién y que además somos gilipollas porque no nos damos cuenta y nos están manipulando a su antojo. Pues discúlpenme sus señorías, pero yo como otros muchos que han pasado por la Puerta del Sol estos días, somos jóvenes que queremos un futuro y necesitamos saber que lo vamos a tener. Personas que han visto truncado su presente y que han querido unirse de manera personal e independiente de ideas o movimientos. Padres que han luchado porque sus hijos viviesen mejor de lo que ellos lo hicieron y ven su frustración en los ojos de sus vástagos. Gente que creemos que creer en que las cosas pueden cambiar no es una pérdida de tiempo.

Autoretrato para (re)conocerme

- Me encanta la playa y sin embargo no dejaría de vivir en Madrid por nada del mundo.

- Me gusta sentirme segura pero siempre que veo a la policía me da mal rollo.

- Me gusta la tranquilidad y aún así no dejo de buscar actividad por todas partes.

- Me gusta el rock y sin embargo tengo el iPod lleno de canciones pachangueras.

- Me considero una chica de barrio y disfruto bebiendo minis en un parque pero me encantan las cenas de mantel con un buen vino.

- Cada vez me gusta menos hablar por teléfono pero me encanta que me llamen.

- Me da miedo la vejez y sin embargo la tercera edad me produce una gran ternura.

- Me encantan las nuevas tecnologías pero me quedo embobada viendo fotos antiguas en blanco y negro e imágenes de televisión de hace años.

- Soy pacífica y sin embargo apasionada (históricamente) de la Guerra Civil española y de las dos Guerras Mundiales.

- Me siento orgullosa de ser mujer pero no considero inferiores a los hombres.

- Desmitifico el amor pero envidio el romanticismo de algunas parejas.

- Me gusta la independencia y sin embargo soy emocionalmente dependiente.

- Me considero una persona racional pero siempre acabo actuando de corazón.

La sal de la vida

Como melómana que me considero, intento ir al mayor número de conciertos [este año he superado la gloriosa cifra de 200 directos vividos a lo largo de mi vida] de diferentes grupos/cantantes con distintos estilos.

El pasado 14 de abril, y después de doce años intentándolo, pude ver a Malú en vivo y en directo. De todos los artistas "predilectos" que tengo, creo que ella es la única a la que empecé a admirar por su calidad vocal y las letras, y esa admiración continúa así, sin haberla extrapolado a otras circunstancias.

Para una friki de la música como yo, el pasar un concierto entero con la carne de gallina por la calidad y porque con los años he hecho mías cada una de las letras, es una de esas cosas importantes que te pasan en la vida.

Sólo he experimentado el sentimiento de fan con una cantante. Creo que es algo que se siente o no se siente, porque no todo el mundo cruza la línea de la admiración a la devoción. Hace años yo la crucé pero de la misma manera volví al otro lado con el tiempo. A pesar de ello, durante el concierto sentí nostalgia en un momento en el que Malú reconoció a alguien entre el público y elevando las cejas y con cara de sorpresa e ilusión balbuceó algo en el aire. En ese instante supe que esa persona a la que miraba la cantante, y el resto que interpretaron que el gesto era para ellos, se sentían las personas más afortunadas e importantes del mundo, y que pasarían la noche en duermevela, en una lucha por intentar mantener esa sensación sin dejar entrar a Morfeo, al menos durante esa noche.

Porque esa es la magia que tiene un directo. Interactúas con la/el cantante, tu artista. Y con cada gesto parece que se te va la vida al mismo tiempo que te la da. Y en ese momento nada más te importa, ese instante sin el que habías vivido hasta ahora se convierte en un talismán y te preguntas cómo has podido vivir sin ese brote de adrenalina hasta entonces.

Y esto Amigos, es una de las mayores felicidades reducidas al mínimo periodo de tiempo. A veces no es tan difícil ser feliz...

El tiempo pone cada cosa en su lugar

Te das cuenta de que te haces mayor cuando:

1) Según llegas a casa te pones las zapatillas y la ropa de andar por el hogar.

2) El vino ya no es sucedáneo del Kalimotxo.

3) Tu vida sentimental daría para escribir una novela de Terenci Moix.

4) Gran parte del tiempo que pasas con los amigos lo haces recordando batallitas del pasado.

5) Te vuelves maniática del orden hogareño aunque tu cuarto descubre en ti una patología de Diógenes.

6) Debates con tus padres durante horas acerca de si hace más o menos frío que el día anterior.

7) Organizas cenas en las que no hay pizzas o precocinados.

8) No puedes salir dos días seguidos y la resaca desaparece a las 48 horas.

9) Sientes vergüenza ajena de determinados grupos de adolescentes.

10) Te sorprendes diciendo frases del estilo: "cuando era joven..." para rectificar a continuación: "cuando era adolescente...".

Renovarse o... continuar en el paro

Cuando con 28 años llevas una larga experiencia en el paro y una ristra de entrevistas sin éxito más larga que la de los chorizos de la abuela de la fabada, empiezas a buscar cuál es el problema.

Para unos trabajos, que están tan cerca de tu carrera como la reconciliación de Peñafiel para con Leti, estás sobrecualificada mientras que para los de tu profesión tu currículum no vale ni como papel de fumar.

Después de años preparándome y de la inversión de mis padres, que ríete tú de los brokers de Wall Street, he hecho lo que hizo José Luis Garci cuando yo nací: “Volver a empezar”. He decidido que si no me quieren por mi amplia y dilatada experiencia a la par que por mis conocimientos de premio Nobel, me tendrán que querer por mi analfabetismo al más puro estilo ni-ni.

El primer paso es la remodelación del currículum. Lo más importante es recalcar que asististe a clase el día que enseñaban a hacer la O con un canuto -porque no quieren gente cualificada pero tampoco ignorantes de la vida-. El segundo paso es eliminar cualquier título/formación que sobrepase el BUP –sí, esas siglas que dices ahora mientras explicas que era el plan antiguo y te miran como si estuvieses hablando en lengua romance-. Si quieres parecer brillante incluso puedes añadir que aprobaste el COU.

Una vez realizada la metamorfosis de tu perfil sólo queda volver a enviarlo a todas aquellas empresas que te rechazaron con la versión 1.0 del currículum. Y ¡voilà!, récord histórico : tener cuatro entrevistas en una semana.

Esto no siempre funciona pero de momento, y hasta que mi sector se revitalice, me quedo con mi CV 2.0.